Me toca estar en un aula de clases cada cierto tiempo. Esta rutina se viene extendiendo desde hace 7 años aproximadamente. Cada 4 meses tengo un espacio de 1 a 3 meses para planear lo que se va a enseñar aunque se traten de las mismas asignaturas, es como un refresh de todo para no quedarse oxidado y de paso que me voy enterando de las cosas nuevas que salen o de cómo se puede hacer mejor algo.
Es en estas circunstancias que hemos visto un cambio de generación en los estudiantes. Cuando antes podíasmos darnos el lujo de dejarles que lean un capítulo entero de un libro, al rededor de unas 20 a 30 páginas para la semana, no había reclamo o oposición.
Sin embargo, estas últimas cohortes, 3 o 4 años, están teniendo estas tareas como retos muy complejos. Se cansan al momento de empezar a leer. Y mucho más para luego explicar lo leido. Y a contramano de lo que piensan mis colegas, yo dudo mucho que no lean. Aunque esto parezca un riesgo mayor, yo creo que si leen, y leen mucho más que antes, sólo que sus ojos están acostumbrados a otros formatos.
Ya no es posible aventurarse a leer un libro con un título en negritas, letras en Arial 14, a espaciado y medio y sangría inicial por párrafo. Esto ya viene con la etiqueta de aburrido. Menos si es en formato digital, las pantallas no están diseñadas para un diseño textual de ese tipo. Ahora te piden responsividad con el formato de pantalla y customizable por favor que no quiero estás haciendo zoom a cada rato.
Aún así estas últimas generaciones leen. Leen comentarios, leen hashtags, leen subtitulos, leen emojis, leen noticias, leen diseño, leen trends, leen mucho.. más no leen lo que nosotros queremos que lean.
Sus habilidades cognitivas no se ejercitan como nos gustaría que se ejerciten. Prefieren mucho más una infografía que un manual de reglamentos. Les agrada más la iconografía que la explicación lenta y pausada. Su atención cuesta más en deterse a explorar los detalles, porque el universo paralelo dentro de las pantallas les invita a estar siempre consumiendo nueva información. Así que dedicar tiempo a explorar un texto plano no es buena inversión.
He ahí que si tengo resúmenes o reels que me den la misma información procesada y empaquetada, sale más rentable leer o escuchar ese producto, que invertir el tiempo leyendo para resumir cómo espera que el docente quiere que le explique. Y aquí tenemos responsabilidades compartidas, imponemos una manera de ver la materia y, por el otro lado, no reclamamos cuando no pensamos de la misma manera que el docente.
Recuerdo mucho una conversación con un estudiante, que terminando la clase me dijo que no le parecía bien que les enseñara sólo una porción de todo el tema, que debía ahondar más en la discusión de ideas. Me pareció retador de su parte, estábamos terminando la sesión de epistemología de la psicología y el tema daba para seguir. Fue interesante esa retroalimentación de su percepción de la clase puesto que me permitió la siguiente clase dedicar un poco más de tiempo a cerrar las ideas que quedaron inconclusas. Ahora, que esto no signifique que se cambien los planes de estudio, sólo es una necesidad instruccional que el estudiante me hizo saber. Puesto que para hablar de planeaciones de clase ya hay varios teóricos no me quiero ir por las ramas.
Eso me indicó que si a pesar de que tengamos el prejuicio de que no leen, nos damos un tiempo, que muchas veces no tenemos, para escuchar lo que ellos quieren decir, será un poco más ligera la batalla. De lograr que ellos lean lo que nosotros queremos y de escuchar lo que ellos quieren decirnos.
Buena suerte en el intento.

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